Coffee, El Mundo, Outdoorhunter, Travel / 13 13UTC diciembre 13UTC 2016

Colombia: visita a una finca de café orgánico en Minca

Estuve en Colombia en noviembre de este año, y una de las experiencias más conmovedoras fue sin duda, visitar uno de los cafetales de Minca, en plena Sierra Nevada, a media hora de Santa Marta.

Café orgánico en Minca.
Café orgánico en Minca.

Si bien el famoso “Eje Cafetero” colombiano queda más al sur del país -es el triángulo que forman los departamentos de Caldas, Risaralda y Quindío-, aquí se consigue café de muy buena calidad, que nace enclavado en el bellísimo paisaje del cordón montañoso más alto del mundo al lado del mar.

Llegando a Pozo Azul.
Paisaje tropical, llegando a Pozo Azul.

Adentrándose en la Sierra Nevada, y ya en altura, está Minca, un verdadero paraíso ecológico atravesado por el río que bautiza a la zona. Fue hábitat de las tribus indígenas que habitaron la región y es uno de los puntos más ricos para hacer avistaje de aves, con cerca de 300 especies registradas, entre residentes y migratorias.

El río Minca, en las entrañas de Sierra Nevada.
El río Minca, en las entrañas de Sierra Nevada.

En el camino hay muchos atractivos, como Pozo Azul, un punto ideal para disfrutar del río Minca al que se accede caminando y donde muchas familias locales llegan para hacer un ‘paseo de olla’, como se llama a una especie de ‘picnic’ que en esta zona de Colombia implica llevar la olla de hierro propia para hacer un sancocho o guiso de gallina, al lado del agua.

La casa de los Weber con la Sierra Nevada como paisaje.
La casa de la familia Weber en la Finca cafetera La Victoria en Minca, con la Sierra Nevada como paisaje.

Pero lo que convoca a esta nota es mi paso por La Victoria, una finca cafetera familiar que tiene más de 120 años de historia y continúa produciendo café orgánico de exportación, con las mismas maquinarias y técnicas de hace más de un siglo atrás.

Los engranajes de la finca, originales y con más de cien años de antigüedad.
Los engranajes de la finca, originales y con más de cien años de antigüedad.

 

La entrada a Finca La Victoria. Sólo se llega en 4x4.
La entrada a Finca La Victoria. Sólo se llega en 4×4.

Fundada por una familia escocesa en 1892, la finca pasó a manos de los Weber, inmigrantes alemanes que escaparon de la guerra, en 1950.

Con Claudia y Micky Weber, los dueños Finca La Victoria, en su casa.
Con Claudia y Micky Weber, los dueños Finca La Victoria, en su casa.

Hoy continúa al frente uno de los hijos de esa familia, Micky, quien supo recuperar ese legado que en algún momento fue apropiado por la guerrilla. Pero ese es sólo el final de una historia compleja. Mientras avanzamos en la finca, recorriendo los engranajes de la producción, Claudia nos invita a subir a su casa, más arriba en la montaña, donde viven desde hace 14 años. Antes de eso vivían en México, y  la finca cafetera familiar era sólo parte de la infancia de Micky, que creció entre los cafetales, conociendo cada centímetro de la finca con los ojos cerrados. Sus padres la dirigieron hasta el final de sus días, y fue así que una mañana, sonó un teléfono que lo obligó a tomar una decisión: sus padres ya no estaban, la finca estaba tomada por la guerrilla, y si nadie iba a tomar el control, se perdía todo.

Micky la miró a Claudia y le dijo, sin dudar, que se iba a Colombia a recuperar la finca, con un pasaje de ida: “Si me va bien, voy a tener que quedarme. Y si me va mal… no voy a necesitar pasaje de vuelta”.

Un tintico para mi y pastel de... café.
Un tintico para mi y pastel de… café.

Afortunadamente y después de duras negociaciones, el resultado fue el primero. Y no sólo Micky nunca volvió a México, sino que Claudia lo siguió en esa nueva aventura, que resultó un cambio de paradigma en la mitad de sus vidas.

Transformar la vida y los días en Ciudad de México y pasar a la rutina de la finca y el paisaje de la Sierra Nevada, no fue fácil. Para Micky implicó volver a sus propias raíces -y hasta seguir luchando hoy, con una salud muy débil pero con las convicciones fuertes de siempre-, y para Claudia, crear nuevas, tender lazos en ese universo cafetero totalmente nuevo. Le pusieron amor, dedicación y esfuerzo, y en una etapa en la que uno podría pensar que tenían todo resuelto, se arremangaron para mejorar los procesos productivos que se habían mantenido exactamente igual en cien años, instalarse en la casa arriba de la montaña y empezar a recibir turistas, algo que surgió casi espontáneamente.

Claudia es encantadora y tiene vocación de servicio natural. Cada vez que los turistas golpeaban la puerta de la finca, ella se encargaba de darles un paseo, hasta que se dieron cuenta que tenían que profesionalizarlo, y así ella junto a otro guía, se encargan de las visitas guiadas gratuitas por las que ya pasaron más de 40,000 visitantes en los últimos cinco años. La mejor parte: toda visita culmina en el divino bistró del piso superior de la fábrica, donde es infaltable tomar un buen ‘tintico’ con una torta casera recién horneada y llevarse a casa café en grano de gran calidad, por menos de ocho dólares el paquete de medio kilo.

El bistró de La Victoria, donde no falta aroma a café y a tortas recién horneadas.
El bistró de La Victoria, donde no falta aroma a café y a tortas recién horneadas.

De las 600 hectáreas totales de la finca, sólo 132 tienen cafetales, mayormente de variedad arábica, y puedo asegurarles que es un café delicioso, no sólo por su sabor, sino por todo lo que le aporta su historia y el amor con el que Micky y Claudia, recuperaron y sostienen hoy día esta finca histórica.

Más información sobre Finca La Victoria aquí.

Daniela Dini para The Urbanhunter Project desde Colombia

 

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