Argentina, Comer, Food, Gourmet / 31 31UTC mayo 31UTC 2014

Carnívoros vs. Veggies: el gran desafío

Una crónica de dos periodistas que salen del cliché: una argentina vegetariana y una norteamericana que llegó a Buenos Aires siendo veggie, pero se pasó de bando para ser una especialista en asados y gastronomía local. El desafío, salir a comer juntas a sus lugares preferidos y ver si alguna vuelve a sus orígenes.

Por Daniela Dini  | Fotos: Allie Lazar

(Nota publicada en Cielos Argentinos)

Con Allie nos batimos a duelo durante una semana consecutiva. Veggie y carnívora hermanadas por el placer de comer y beber.

Hace ocho años que soy vegetariana. Siendo argentina, es imposible no escuchar la misma pregunta a dónde sea que viajo, y dentro de mi propia ciudad: “¿¿porqué??”. Mi respuesta es siempre la misma: ¿por qué no? Como si decidir no comer carne en este país fuera un sacrilegio imperdonable. Antes me enroscaba en dar grandes explicaciones, y ahora ya no: sólo respondo que es una cuestión de energía en lo que elijo comer y que no soy una talibana del vegetarianismo. Ni quiero convencer a nadie, ni digo que nunca más volveré a comer un bife. Con eso, la mayoría de los que preguntan se quedan satisfechos. Ah, y si: que voy a asados –y no los arruino evangelizando sobre vegetales-, que tomo vinos y coctéles, que además, escribo sobre comidas y bebidas y estoy siempre detrás de las historias de platos, restaurantes y chefs, sin que esta elección resulte gran impedimento para contar y disfrutar. Así conocí a Allie, colega que trabaja en el mismo segmento, con la particularidad de ser mi opuesto: nació en Chicago, llegó a Buenos Aires en 2006 con seis años de vegetariana encima, y no le llevó mucho tiempo cambiarse de bando, hasta convertirse en una de las críticas más respetadas de la blogósfera y las guías gourmet por sus crónicas de la cocina argentina.  Me contó que en uno de los lugares en los que vivió al principio, la dueña de casa quería convencerla de lo irresistible de nuestras carnes, y lo logró con un lomo al Strogonoff. Le siguió una sucesión de bifes, tiras de asado y un sinfín de platos argentinos que le abrieron el apetito y nunca más se cuestionó volver a la vida veggie. Así fue que el desafío surgió instantáneamente: yo propuse dos rounds de la mejor cocina vegetariana en Buenos Aires –porque si la hay, y lejos está de la ensalada mixta-, y ella planteó dos parrillas emblemáticas. He aquí la crónica del desafío que, al final del recorrido, develará si hay un vencedor.

Round 1: Buenos Aires Verde, comida viva

El desafío empezó en Buenos Aires Verde, con la propuesta raw/veggie/vegan de Mauro Massimino.

La ruta arranca en Palermo. Mi elección es el restaurante de Mauro Massimino, chef al frente de Buenos Aires Verde. Mauro pasó por la cocina tradicional y después de mucho estudio y experimentación, trasladó esas mismas técnicas a lo 100% vegetariano y orgánico. Muchos de sus platos son veganos –tampoco utiliza lácteos ni huevos- y raw o crudos, por lo que la energía de los alimentos se mantiene viva y en todo su potencial. Empezamos con una ensalada ultra-raw que resultó una montaña de hojas verdes, aliñada con queso a base de cajú, mayonesa y queso ‘parmesano’ raw y semillas activadas. Los platos elegidos, hamburguesa de mijo a la napolitana (no, no es comida de pajaritos, y si, el queso, era de tofu), y rolls de masa deshidratada de semillas y alga nori. Brindamos con dos súper licuados, uno con agregado de maca para mí, y de jugo de trigo para Allie, y quedamos listas para salir a correr una maratón. El final, helados raw. Nada de dulce de leche granizado: jengibre y sésamo por un lado, algarroba y praliné por otro. Entre lo abundante de los platos y la sobredosis de energía viva, tomé aire para preguntarle a Allie su opinión y admitió estar sorprendida por el mix de sabores: “No sustituiría las versiones originales de estos platos, pero… es una gran alternativa aún para amantes de la carne”.  Primer round, 1-1 unánime.

Round 2: Don Julio, parrilla de barrio, cocina sofisticada

Allie no pudo resistirse al bife de chorizo de Don Julio.

El turno de Allie también nos lleva por las callecitas de Palermo, y el olor a asado es incipiente. “Si volvés a comer carne, este es el lugar indicado”, me dice mi coequiper, y nos sentamos a la mesa en Don Julio. Minutos más tarde lo reafirma su cara al probar el bife ancho que pasó 28 días en cámara, “para lograr su mejor expresión”, según explica Pablo Rivero, el dueño. Nieto de carnicero, hijo de productor de carne, gastronómico especializado en parrilla por elección casi inevitable. Pero a mí me gana por otra historia, la de la provoleta de cabra que viene de Cafayate, donde ordeñan a las cabras con música clásica para que no se estresen, y la leche –por ende, también el queso- sea más suave. Y también que de tanto vegetariano suelto, pronto inaugurará una parrilla sólo para vegetales. Como sea, la provoleta es un diez, Allie sube el pulgar a su bife, y el round cierra con un empate después de brindar con uno de los mejores vinos de la casa y compartir un flan mixto sublime. Resultado parcial, 2-2.

Round 3: Estilo Campo, todo al asador

¿Chori o vegetales grillados? La disyuntiva, en Estilo Campo.

La competencia sigue de cara al río. Puerto Madero es uno de los íconos para los turistas y por ello, destino ineludible para comer carne argentina. Así llegamos a Estilo Campo, que desde hace quince años tienta a locales y extranjeros por igual con parrilla tradicional y a las brasas. La entrada para Allie es un chorizo especial, y yo le doy batalla con la ensalada de la huerta, fresca y abundante. Ella elije un ojo de bife bien jugoso que llega en su punto justo, y a pesar de que hay buenas pastas caseras, yo me quedo con las verduras grilladas, que nos terminan tentando a las dos. Copa de tinto, tiramisú casero de postre.  Al final ambas coincidimos que parte imperdible de la experiencia estuvo, también, en el cuasi show de stand-up de los mozos, Eduardo y José, que nos animaron el almuerzo entre plato y plato. Aquí debo admitir que el bife le ganó por goleada a las verduras. Cerca de la final, esto es un… 3-2. Avanza la extranjera en la tierra de la carne.

Round 4: Una clase de rawpostería con Máximo Cabrera

La frutilla del postre fue justamente, una degustación de postres con clase incluida. Nos recibió Máximo Cabrera, chef de Kensho, restaurante de cocina enzimática –tal como él define a su gastronomía-, para enseñarnos cómo se preparan delicias dulces sin derivado animal ni cocción alguna. Pusimos manos a la masa en lo que terminó siendo crumble de manzanas con helado de cajú, bombones de cacao raw, tarta de ganache de chocolate y un pie de limón que resultaron verdaderas experiencias en la boca. Tanto, que Allie y yo coincidimos en que hubiéramos sacrificado el tiramisú y el flan mixto por la rawpostería de Máximo. Sin saberlo, con su filosofía, él le puso punto final al desafío: “El asunto no es comer o no carne, sino ser responsable de dónde viene lo que elijo comer. Hay que ser tolerante y saber que lo placentero y lo sano pueden ser lo mismo”. Alto el fuego: tregua.

Final de juego: una muza y un moscato

Hermanadas con una muza y un moscato, el #ComandoGourmand puso fin al desafío en la #Muza5k.

Después de cuatro ‘rounds’ ininterrumpidos de alternar de lo vegano al bife jugoso, de los vegetales y crudos al chorizo especial y la provoleta, en la tregua resultó que, el verdadero desafío no estuvo en convencernos mutuamente del ‘cambio de bando’, sino en el compartir una mesa donde la comida no deje de ser buena por tener gustos diferentes. Buenos productos, alta calidad, sabor y talento, son ingredientes que afortunadamente, no faltan en la cocina porteña. Ambas quedamos de acuerdo en esa base, y aunque no hubo cambio de hábitos –y ni Allie volvió al vegetarianismo, ni yo pellizqué sus bifes-, casualidad o no, la misma tarde que cerramos el desafío, nos cruzamos con otra ruta, la de la #Muza5k –una noche al año en la que las mejores pizzerías de Buenos Aires abren sus puertas, en una divertida maratón callejera-. Así fue que, casi sin pensarlo, el final nos encontró caminando por la calle Corrientes, en una noche de incipiente verano, hermanadas con otro emblema de la cocina argentina: una generosa porción de muzza al molde que cerró con un empate absoluto. Brindamos, victoriosas ambas, con vaso de moscato en mano, el corazón contento, y las panzas llenas de sabores e historias.

Pick up the Fork vs. UrbanHunter, en plena jornada. Nos tomamos muy en serio nuestra labor, por eso somos parte del #ComandoGourmand

Los elegidos del desafío

–          Buenos Aires Verde: Experimentación en cada propuesta de la carta. Hay tienda, menú de viandas y una heladera repleta de productos elaborados para llevar. Gorriti 5657, Palermo

–          Don Julio: Excelentes carnes, servicio impecable y 220 etiquetas de buenos vinos, en una típica parrilla palermitana | Guatemala 4699

–          Kensho: En su reapertura, el restaurant abre todos los mediodías y una vez por semana para cenas. Imperdibles las clases, dictadas por Máximo Cabrera. El Salvador 5777  – kenshoclases@gmail.com

–          Estilo Campo: Desde hace quince años, carne al asador y a las brasas en Puerto Madero. Alicia Moreau de Justo 1840

–          Pizzería Güerrin: Fundada en 1932, la especialidad es la pizza al molde. Para beber, moscato Crotta| Corrientes 1368

Un Comando Gourmand femenino

Aún con gustos que podrían parecer diametralmente opuestos, Allie Lazar y Daniela Dini, son colegas y bloggers, y la comida no las enemistó sino que las unió para este desafío y para muchos más, donde salen a recorrer los restaurantes porteños para contar todo lo que prueban. Las crónicas de Allie se pueden leer en Pick Up The Fork, desde donde también guía food-tours por la ciudad, y las de Daniela, autora de esta nota, en The UrbanHunter Project, su blog de experiencias urbanas. Ambas son parte del Comando Gourmand, un grupo cosmopolita de foodies profesionales, que reivindica a las mujeres de buen comer y beber y la cocina argentina. Lo integran, además, las críticas gastronómicas Sorrel Moseley-Williams, Karina Martínez Carter, Paige Nichols, Anne Reynolds y Marina Ponzi, y Agustina de Alba, mejor sommelier argentina 2008 y 2012.

1 Comment

  1. Romina

    Dani, sin dudas que sos grosa de verdad! te quiero!Romi

    02 . ene . 2014

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