Islas Bahamas, un viaje al paraíso

Acabo de regresar de un viaje a uno de los lugares con paisajes más paradisíacos de la tierra: las Islas Bahamas. Tuve la suerte de conocerlas hace casi seis años, y admito que volver fue diferente en muchas cuestiones (desde cómo comunicarlo, porque en aquel entonces las redes sociales no eran lo que son hoy), hasta las novedades hoteleras, con grandes complejos y avances. Lo que no cambió, es el marco único: las Islas Bahamas son, literalmente, un paraíso.

La vista desde el avión, al llegar a las Islas Bahamas.

Lo evidencia su mar, ante todo, que da la bienvenida desde al avión: es imposible no quedarse sin palabras cuando se empiezan a vislumbrar los manchones de mar esmeralda y las islas, que como fragmentos, van tomando forma a medida que uno se acerca a la pista de aterrizaje de Lynden Pindling International Airport, el aeropuerto internacional de Nassau, capital de las islas.

Luego cuando toca tener el mar enfrente, y zambullirse en él, esa experiencia casi onírica se multiplica. El agua es cálida, transparente, de un esmeralda casi fosforescente. La arena fina, blanca (y hasta rosada! Se los cuento más adelante en esta nota ;), es delicada, sutil, y todo da como resultado un cuadro imponente. Playas bellísimas, islas a las que se accede por mar o por vía aérea (en vuelos de cabotaje que pueden durar 15 o 20 minutos y transportan a los otros ‘paraísos dentro del paraíso’ que esconde Bahamas) y la comida típica, donde el conch (pronúnciese ‘conc’) es la estrella, en todas sus variantes.

Tierra de piratas

Los ’65 escalones’ de la Reina Victoria, un homenaje que es parte del recorrido histórico en Nassau.

Las magia de las Islas Bahamas se remonta hacia fines del 1600, porque en aquel entonces empezó lo que siglos más tarde convertiría a las Islas en leyenda de piratas y tierra de galeones perdidos, pólvora, contrabandistas y tesoros. Bahamas es un archipiélago de más de 700 islas, de las cuales 14 son las principales (New Providence donde está Nassau, la capital; Freeport en Grand Bahama y Abaco, entre ellas).

Justamente por su característica geográfica, las Islas resultaron un verdadero laberinto insular para los ‘maleantes de los mares’, entre ellos, Edward Teach, el nombre real del que fue el mítico ‘Barbanegra’.

En el siglo XVIII, después de la era dorada de piratas y corsarios, la soberanía de las islas pasó al Reino Unido, con la llegada de un gran número de colonos británicos. Desde 1784 y hasta 1973, fueron colonia inglesa. Llevan 45 años de independencia pero aún hoy permanecen dentro de la Commonwealth y por ello reconociendo a la reina Elizabeth II como Jefa de Estado. Aunque no es el único vestigio inglés que conservan: la arquitectura colonial típica del siglo XVIII sigue en pie en muchas de las ciudades más grandes y muchas de las casas del gobierno -y otras también- están pintadas de rosado en homenaje a la corona. También mantienen otras costumbres como manejar del lado derecho, y un acento inglés que parece británico con el aletargo típico del Caribe. Es que aquí el tiempo pasa a otro ritmo, y los bahameños lo saben.

Herencia cultural y sabores

Kalik es la cerveza tradicional en Bahamas.

Hay un contraste permanente e interesante en sus habitantes, que son la combinación perfecta entre las raíces africanas y la herencia inglesa. Es un misterio como dos culturas tan contrapuestas se fundieron para hoy ser la esencia de las Islas Bahamas, pero la mezcla es encantadora. Hay música, color, alegría y a la vez un perfeccionismo puntilloso en los detalles, y una tranquilidad en el aire difícil de explicar: hay que estar allí para sentirla.

El ‘conch’ es un típico caracol que se come en distintas presentaciones.

Arawak Cay es la calle principal sobre la que se encuentran bares y restaurancitos, donde el combo ideal es una Kalik, la cerveza nacional, y una ración de ‘conch salad’, un plato similar al ceviche, hecho con un molusco en forma de caracol, cebolla morada y mucha lima. Los cocineros lo preparan fresco y a la vista, dando un verdadero espectáculo. Pero el conch también puede comerse en sopa, en salsa para unas buenas pastas y hasta en deliciosas croquetas con una salsa apenas picante. Otros platos que me encantaron tenían Grouper, uno de los pescados típicos que se comen durante todo el año, y puede salir al estilo bahameño (cocido dentro de papel aluminio con verduras y plátano) o bien apanado y frito.

De hoteles y algo más

Durante mi estadía en las Bahamas estuve hospedada en el Hotel Warwick, en Paradise Island (una isla casi 100% turística que está conectada con Nassau por un puente). La propuesta es conveniente para quienes buscan una opción all inclusive (aunque practicamente no tiene playa, solo una pequeña costa con vista al muelle y buenas piscinas). Paradise Island está a 30 minutos del aeropuerto de Nassau, y allí también está ubicado uno de los complejos más grandes y sorprendentes, que tiene más de dos décadas: el Atlantis. Es un gigante compuesto por seis hoteles, todos conectados entre si y con diferentes perfiles (The Cove es el más sofisticado y sólo para adultos, Royal Towers el más familiar, por ejemplo). Además de las tres playas que posee, se puede disfrutar allí de otras opciones -aún sin ser huésped del hotel-, como la de visitar uno de los casinos más grandes y famosos del Caribe, el acuario inmenso que atraviesa el hotel recreando las profundidades del océano y pasar el día en el Aquaventure Water Park, disfrutando de las piscinas y los juegos de agua que incluyen toboganes, una montaña rusa de agua y un río de aguas correntosas.

Uno de los hoteles más lujosos de las Islas sea, posiblemente, el renovado The Ocean Club -propiedad de la cadena Four Seasons-, que tiene la anécdota de haber sido locación de las películas de James Bond.

La novedad es el complejo Bahamar, un imponente conglomerado de hoteles (incluye un Grand Hyatt, y próximamente inaugurará Rosewood), bares, más de 20 restaurantes, un campo de golf Jack Nicklaus Signature, spa, tiendas de shopping de marcas de lujo internacionales y un inmenso casino con vista al mar. Allí entrevisté a uno de sus chefs, el mendocino Leo Minelli, que está a cargo de varios de los restaurantes de Grand Hyatt y contó su experiencia al aire por mi sección Bocacalle en Brunch, por Metro 95.1.

Nadar con delfines y lobos marinos

Entre las experiencias que se pueden vivir en Bahamas, no falta la de nadar con sus habitantes más famosos. Blue Lagoon Island es una reserva donde rescatan y crían delfines. El lugar es ideal para pasar el día y compartirlo con ellos, en piscinas especialmente diseñadas para interactuar con ellos, o bien en la costa, para nadar. El dato anecdótico es que entre los delfines que allí habitan, estuvieron las estrellas de la película Flipper. Se llega en catamarán, en menos de una hora desde Nassau, y la jornada incluye acceso a los juegos de agua, hamacas y reposeras.

Atlantis también tiene su propia reserva de animales, y allí tuve la oportunidad de conocer e interactuar con Sony, una loba marina que llegó a las costas del hotel perdida tras el huracán Katrina. Allí la curaron y desde entonces vive en Dolphins Key, la propuesta de entrenamiento que además de lobos marinos como Sony, incluye delfines.

Harbour Island, una playa rosada

Suena casi mítico pero a tres horas de Nassau en barco (o a módicos 15 minutos de vuelo interno), está Eleuthera, otro complejo de islas fabulosas entre las que alberga a Harbour Island, un pequeño Edén donde se encuentra Pink Sands, una isla que por la erosión de miles de años de sus corales, hace que la arena al contacto con el mar, sea rosada. Una belleza inexplicable.

Laundry Beach.

También está la fabulosa Laundry Beach, que es una playa inmensa con no más de 30 centímetros de profundidad, que parece un lago. La isla muy pequeña y se recorre en carritos de golf que se pueden alquilar allí mismo. La sugerencia: almorzar en la Marina, con vistas divinas al mar.

Caribe sin visa

Al Caribe sin visa, vía Panamá, con Copa Airlines.

Las Islas Bahamas están a más o menos una hora de vuelo desde la Florida, pero a poco más de dos desde Panamá, el hub de las Américas. Copa Airlines ofrece desde 2011 un vuelo que permite llegar a este punto mágico del Caribe, sin visa norteamericana, ya que no se atraviesa este territorio. Lo que si, es condición para los argentinos presentar el certificado contra la fiebre amarilla en migraciones.

Más información sobre los vuelos desde Buenos Aires a Nassau, vía Panamá con Copa Airlines, aquí.

Agradecimientos: Gracias Copa Airlines e Islas Bahamas por hacer posible este viaje. Pueden encontrar más información sobre las islas en www.bahamasturismo.com

Para ver más sobre mi viaje los invito a visitar mi Instagram, donde encontrarán en las historias destacadas la carpeta ‘Bahamas’ para revivir todo este increíble viaje.

Todas las imágenes fueron tomadas con mi MotoZPlay 2 (gracias Motorola por acompañarme siempre!) y la conectividad en las Islas, gracias a Claro Argentina y su Plan América, donde pude navegar  y comunicarme como si estuviera en casa y a tarifa local, una maravilla.

Daniela Dini para The Urbanhunter Project, desde Islas Bahamas

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