Lifestyle, Urbanstories / 22 22UTC julio 22UTC 2014

Una historia que llegó con la lluvia

Llueve en Buenos Aires. Es de noche y no va a parar. Las historias a veces, esperan bajo la lluvia.

Era martes de una semana que ya había empezado agitada. Creo que varios días antes ya la tenía completamente hipotecada: cenas, notas, encuentros, reuniones, celebraciones de fin de año, cocktails. Todo tipo de compromisos sociales y laborales, que incluirían, entre otras cosas, entrevistar y escribir de la mañana a la madrugada y visitar cuatro restaurantes diferentes. La cita en uno de ellos, fue ese martes por la noche.

New York City - Rain. PH. Vivienne Gucwa
New York City – Rain. PH. Vivienne Gucwa

Le puse entusiasmo a la salida a pesar de que se había largado a llover, justo cuando se hizo la hora de emprender la marcha. Mientras esperaba el 109, haciendo malabares con el paraguas, el celular, la cartera y el chorro que me caía directo en el piloto desde el techo de la parada de colectivo, me pregunté en qué momento me había impuesto tantos compromisos. ¿Era necesario? Podía estar refugiada en el departamento, trabajando, seguramente, pero evitando la lluvia, y la nota quedaría para otro día. El colectivo llegó y a medida que avanzaba por las calles de Palermo, llovía cada vez más fuerte. Por las ventanillas ni siquiera podía divisar dónde estaba, ni cuanto faltaba para llegar. Alguien me indicó dónde bajar, y así lo hice, a ciegas, no tenía idea de dónde estaba ni para dónde caminar. Como me suele pasar, hace tiempo descubrí que tengo una especie de dislexia a la hora de memorizar –e inclusive, anotar- números. La memoria no me falla con los nombres, pero los números siempre son un problema. Había grabado 570 como la dirección del restaurante a puertas cerradas al que tenía que llegar. Avancé bajo el agua, ansiosa por llegar y mojarme lo menos posible (lo cual ya era una lucha perdida, estaba empapada). No esperaba cartel en la puerta, pero tampoco encontrarme con un hipermercado donde hubiera caído la altura que yo estaba segura que era. Miré varias veces y me paré en la vereda, abajo del techito del Carrefour. Otra vez había hecho lo mismo. Como no tenía idea a cuántos números le habría errado, llamé directo al lugar. Efectivamente había invertido la dirección, era 750. Estaba casi salvada, sólo eran dos calles más bajo el agua para llegar a la calidez y el olorcito rico del restaurant. Casi no me doy cuenta que al lado mío una señora mayor me miraba. Miré el agua cayendo a cántaros, la volví a mirar. “Qué le voy a hacer, tendré que esperar a que pare”, me dijo, sin mucha esperanza. Estaba aferrada a una bolsa de plástico del supermercado, y no tenía paraguas. Le asentí, y cuando estaba por seguir camino, algo me frenó. Le pregunté donde vivía. Lo mío fue espontáneo o eso creí. Lo de ella no: me respondió que a tres cuadras de ahí. La miré con más atención y me di cuenta que estaba esperando que yo hiciera esa pregunta, como si fuera una señal. El agua, la humedad y el frío me habían congelado un poco los sentidos. ¿Cómo no lo había pensado antes?. “Si se anima, vamos juntas, yo le hago de paraguas taxi”, le dije. “Claro que me animo, con vos me animo”, me respondió, y me agarró del brazo inmediatamente.

Doyers Street in the Rain - Chinatown - New York City. PH. Vivienne Gucwa
Doyers Street in the Rain – Chinatown – New York City. PH. Vivienne Gucwa

El camino fue bajo una lluvia torrencial, veredas rotas, charcos que se hacían ríos por las calles de Villa Crespo. Inclusive el paraguas había quedado demasiado chico, y fue peor cuando el viento empezó a pegar de costado, y Lidia, como me dijo que se llamaba mi compañera de paraguas, quedó más empapada que yo. Quise cambiarle el lugar, taparla más con el paraguas, apretarla más contra mi brazo. Pero era otra batalla perdida, cada vez llovía más. Nada de eso cambió su humor, y mientras caminábamos me tiró, con toda la certeza del mundo, una frase que me cambiaría la noche y me daría una anécdota para el resto de mi vida. “Yo ya sabía que vos ibas a venir. Vos sos mi ángel que siempre viene a ayudarme, yo ya lo sé”, me dijo con la certeza de alguien que dice, te descubrí, no pienses que soy tonta. No supe muy bien qué decir, solamente me reí y enseguida le pregunté cómo sabía eso, cuándo la había ayudado ese ángel antes. “Siempre me pasa. Estoy en situaciones en las que necesito ayuda, y no pasan unos minutos hasta que aparecés. ¿Y sabés qué? Es fácil reconocerte, porque siempre sos una mujer”. Me causó mucha ternura su respuesta, estaba entre sorprendida y conmovida. El agua que nos empapaba y la tormenta, estaban en otro plano. Lidia y yo avanzábamos apretadas del brazo y riéndonos juntas.

Rain and Wet. PH. Vivienne Wucwa
Rain and Wet. PH. Vivienne Wucwa

Me dijo que una vez un chico había querido ayudarla a cruzar, y que enseguida una chica se apareció y le dijo que ella iba a ayudarla. Lidia no tenía duda que su ángel con cuerpo de mujer, siempre diferente, estaba ahí para sostenerla y acompañarla cuando lo necesitaba. Para cuando llegamos a la puerta de su casa, yo no podía sacarme la sonrisa de la cara, y le agradecí el regalo de ese viaje de tres cuadras y esa historia maravillosa de la que ella me había hecho parte. Por supuesto que yo no me sentía un ángel ni mucho menos. Tampoco había hecho un acto de coraje ni salvado el mundo, pero algo bajo el techo del Carrefour, fue lo que me hizo un click y me despertó para ver más allá de la lluvia y prestarle atención a la señora que tenía a mi lado. Mi dislexia numérica había tenido una razón importantísima, definitivamente. Y esa fracción de segundo que me hizo dejar de lado mi trajín, mi piloto empapado, mi preocupación por que se me corriera el maquillaje o se me arruinara el pelo, fue un momento de mini iluminación, de ver lo que realmente importaba. Ese, no tengo dudas, fue el llamado del ángel de Lidia. Me despedí de ella en el palier de su edificio, y me dio un abrazo como el que me hubieran dado mis abuelas, como hasta la próxima vez.

Daniela Dini para The UrbanHunter Project.

Fotos: Todas son de Vivienne Wucwa, fotógrafa que retrata NYC con una mirada particular. Aquí, su visión de esa gran ciudad bajo la lluvia.

2 Comments

  1. Isma

    Excelente historia. Me encantó.

    11 . nov . 2015
    • admin

      Gracias Isma 🙂

      25 . nov . 2015

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