Buenos Aires: Sola en los bares

Cada vez son más las mujeres que van de barras solas. Desprejuiciadas y amantes del buen beber, rompen con el preconcepto de que los bares son cosa de hombres. Cocktail en mano,  salí a descubrir por experiencia propia, qué pasa de un lado y de otro de la barra (Especial para la revista Cielos Argentinos).

Lo primero que hubiera dicho mi abuela: “Tené cuidado con qué te ponen en el vaso, nena”. Las cosas que podría haber escuchado, según vaticinaron mis amigos: “Tu ruta es mi ruta, rubia”, o el clásico “¿qué hacés tan solita vos?”. Todo eso fue parte de lo (pre) supuesto cuando salí a experimentar la noche porteña en soledad, para disfrutar de una de las cosas que más me gustan, aunque antes, siempre había sido en compañía: sentarme en la barra, pedir mi cocktail favorito y observar. La misión: escuchar las historias en la barra, las de los bartenders, que mucho ven y oyen mientran crean tragos, y las que están del otro lado, que se suceden casi silenciosamente  mientras otros se divierten, se pelean, conversan, se enamoran, se seducen, se aman, se engañan, se separan, se reconcilian. Es que todo puede pasar en una barra y con una copa en la mano.

Observar es mi trabajo, pero ser parte de la escena es también, ser observada. Así es que además de entrevistar, decidí ser parte del experimento y ser yo misma una chica sola en la barra.

El puntapié, admito, fueron los lugares comunes y los prejuicios: ¿qué pasa si una chica llega sola a un bar, se acomoda en la barra, pide su cocktail y no espera a nadie más? Si eso es sinónimo de levante o no, si después de Carrie Bradshaw todas podemos salir a pedir un Cosmopolitan y eso suma  glamour, si disfrutar del beber justifica que no siempre tenga que haber un caballero o un grupo de amigas como excusa para tomar un buen coctél, si la mirada machista queda fuera… será cuestión de dilucidarlo a lo largo de esta nota. Afortunadamente, si hay algo que abunda en la noche porteña son las barras, los tragos…  y las historias.

Ellas saben lo que quieren

Ludovico De Biaggi, jefe de barra de BASA. Según dice, una barra muy frecuentada por mujeres solas y de buen beber.

Arranco en BASA, uno de los últimos hallazgos del nuevo polo gastronómico en el Bajo porteño. Tras la barra imponente – con un fondo de más de 300 botellas de todas las marcas, formas y tamaños- está Ludovico De Biaggi, un joven bartender que hace gala de los detalles. “La coctelería entra también por la vista, lo estético suma”. Agrega que tienen mucho público femenino y que hay de todo cuando hablamos de hacer barra en solitario: “Está quien se sienta a disfrutar un trago y hablar con el bartender, quien tiene ganas de charlar o quien viene a chatear por Whatsapp”. Mal de de nuestros tiempos donde la hipercomunicación nos incomunica. Mientras prepara para mí un ‘Elegante cocktail’ – uno de los 25 tragos de la carta, a base de gin, cynar, jerez, oporto y bitter de naranja-, veo a una chica tomando una copa de vino, sola. Se llama Lourdes, trabaja en gastronomía y apenas pasó los 30. Me confiesa que es una habitué de las barras en soledad: “Viví en Nueva York y allá no hay prejuicios, es lo más común ir a tomar un cocktail sola. Acá cada vez se ve más, pero todavía sigue estando la idea de que si sos mujer y nadie te acompaña, estás de levante”. Me revela algo que después confirmo:

“Si estás sola, es difícil que los hombres se te acerquen”. Parte de un prejuicio machista muy argentino, que por más liberales que nos creamos, todavía está. No obstante, cosas divertidas pasan cuando no hay compañía.

Juanse está tras la barra de Dill&Drinks. El Negroni es la especialidad de la casa, y tienen un fichero donde se puede agendar la propia receta. Más del 30%, son firmadas por chicas.

“El cantinero era históricamente el que escuchaba al cliente, antes no había psicólogos. El bar sigue siendo un lugar donde traspasás la puerta y sabés que vas a estar bien”, me explica Juan Sebastián Ruiz, desde la barra de Dill & Drinks, otro bar de buen beber en la zona de Retiro.  Cuando le pregunto qué diferencias hay entre hombres y mujeres al pedir un cocktail, es tajante: “Borrate todos los estereotipos de días, horarios y sexismo. No hay reglas: hay señoritas que toman whisky y caballeros que piden tragos refrescantes. Para los que vienen solos, la barra se transforma en el living de una casa”.

Derribado el mito: en mi ruta de barras sola, encuentro algunos piropos, si, pero más compañeros de barra, donde hay cada vez más chicas que rompen con el preconcepto de que los bares son cosa de hombres.

Lo compruebo al instante, en el que me pongo a hablar con Emilce, una productora de shows de 28 años, habitué de las barras en soledad desde hace una década. “Cosas maravillosas pueden pasarte sola en una barra, como conocer a Jarvis Cocker y terminar siendo la asistente de producción de Pulp”, me cuenta mientras toma un Negroni con pepino. Ella echa por tierra todos los prejuicios y confirma que una chica de barras, sabe tomar: “Es obvio que a veces podés conocer a alguien, pero la que va de levante se ve no sólo en cómo está vestida sino también en lo que toma. Un daikiri de frutilla es sinónimo de que no estás ahí por el cocktail”.

Para Bernabela, que hace prensa gastronómica, la barra le permite hacer lo que no puede con sus amigas: “En mi grupo toman caipirinhas y cervezas, no cocktails. Es una cuestión de gustos personales y de experiencia, porque de chica no gastás en tomar. Tengo 32 y desde los 28 disfruto de salir sola”, cuenta, Martini en mano.

Chicas tras las barras

Del otro lado de la barra, también hay chicas: Loly es una de las bartenders de Florería Atlántico.

Llego a Florería Atlántico, uno de los nuevos lugares de culto de la coctelería en la ciudad. No es para menos: detrás de la barra está Tato Giovannoni -uno de los bartenders locales de mayor prestigio- y también sus coequipers, que no son cantineros sino cantineras, Loly y Picca. Para Tato, hay virtudes propias de tener un equipo femenino, como la prolijidad y los detalles, fundamentales en la coctelería. No obstante, mi artillería de preguntas va directamente a las chicas y con ellas doy vuelta el lugar de la mujer en la barra.

Para Picca, la barra sigue siendo un lugar machista. Para ella, la idea es profetizar la bebida buena entre los gustos femeninos.

Si hay preconcepto con una chica tomando sola, ¿qué pasa cuando es una bartender la que prepara el cocktail?: “Nos pasa seguido que nos preguntan si el trago nos lo piden a nosotras, o directamente dicen, ‘pedile al barman tal cosa’”, coinciden. Y Picca agrega: “La barra sigue siendo un lugar machista. La idea es profetizar la bebida buena, que las mujeres vayan dejando la caipirinha y el daikiri. Estamos para eso. Odio la idea de trago de mujer o de hombre”. Para Loly este lugar de ‘desventaja’ de la mujer frente a un coctel se da mucho da mucho en la primera cita de una pareja:

El chico elige el trago de la chica para impresionarla, presuponiendo que no sabe. A mí me indigna, y una chica no debería permitir eso tampoco”.

Sigo camino hacia el speakeasy del momento, un bar oculto en Palermo, pariente cercano del ya clásico Frank’s. Y detrás de una de las barras más exclusivas de Buenos Aires, también hay una chica. Sonrisa fresca, pelo revuelto, un lunar y anteojos de marco grueso que son su sello: ella es Chula y Chula es su personaje. La barra, su escenario. Así lo siente ella, como bartender y actriz. Una verdadera artista de los cocktails. Para definir qué me preparará, ni me da la carta ni me pregunta lo obvio. Me desestructura con un “¿cómo te sentís hoy?”. Sensibilidad femenina, pienso, y no me equivoco. “Cada vez veo más chicas solas en las barras”, afirma, mientras me prepara un trago de autor, que crea espontáneamente para mí en base a lo que dije, pero más a lo que ella captó.

“Me encanta que las mujeres se pidan un whisky o un Negroni. Es el momento en el que se rompe la teoría del trago de hombre o el de ‘minita’”, sentencia Chula.

Chula hace magia detrás de la barra, su escenario. Para definir qué me preparará, ni me da la carta ni me pregunta lo obvio. Me desestructura con un “¿cómo te sentís hoy?”. Sensibilidad femenina, pienso, y no me equivoco. PH. Dina Cantoni

Chula comparte la barra con otros dos talentos, Sebastián García y Gonzalo Cabado, y como Loly y Picca de Florería Atlántico, también asume que el imaginario popular sigue siendo machista a la hora de pedir un cocktail: “Los que no me conocen siempre se acercan primero a los chicos para pedir los tragos”. Es evidente que todavía falta camino por recorrer, pero parecería que estamos en el principio del cambio, con mujeres de un lado de la barra, que saben y disfrutan del buen beber, y también del otro, que con profesionalismo y actitud, rompen esquemas. La evidencia la tengo frente a mis ojos, y también a mi lado, donde hay varias chicas solas con un cocktail en la mano. “Tengo mis lugares y conozco a los bartenders, disfruto mucho charlando con ellos. Es salir sola pero acompañada”, me dice Mechi, una diseñadora gráfica sibarita, que hasta lanzó un blog donde cuenta sus experiencias de bares, bajo el personaje de ChicaChupi (www.chicachupi.tumblr.com). A su lado Romina, productora de tevé y frecuentadora de barras en solitario, suma algo determinante sobre la mística de la barra:

“No concibo el que dice que sale de bares y se sienta en una mesa. El bar está en la barra. Ahí la histeria desaparece, están quienes van a tomar de verdad, a charlar, a compartir un placer en común”.

A la conversación se suma otro solitario, Esteban, que halaga que haya mujeres con hábitos como éstos, y niega cualquier preconcepto del imaginario argentino: “La barra es una especie de refugio, es algo que hay que respetar”.

Para cuando se termina la noche para mí, me vuelvo sola: me llevo algún que otro piropo, pero más charlas de filosofía de bar, de esas inmejorables, con extraños que terminan siendo amigos mientras duren la noche y los tragos y vivan los bares.

Para cuando se termina la noche para mí, me retiro sola, haciéndole honor al espíritu de la nota. Lejos del lugar común, me doy cuenta que encontré más historias que intentos de levante. Algún que otro piropo, si, pero más charlas de filosofía de bar, de esas inmejorables, con extraños que terminan siendo amigos mientras duren la noche y los tragos y vivan los bares. Derribado el prejuicio, mientras camino bajo la madrugada porteña, me acuerdo de una de las frases que me dijo un compañero de barra, parafraseando a Schopenauer: “la soledad es la virtud de los espíritus excelentes”. Suficiente para seguir de ronda, hasta la próxima barra.

Mona Gallosi, la opinión de una experta

«Las mujeres hemos ganado espacio en muchos aspectos de la vida y también en las barras”, me cuenta Mona Gallosi, una de las bartenders pioneras y más reconocidas.

Es una de las bartenders más reconocidas. Autodidacta, con 35 años y 16 de carrera, está al frente de la barra de Osaka, es imagen de varias marcas de bebidas y una pionera en esto de estar detrás de las barras. “Con respecto a la mirada del otro, es algo que ha cambiado mucho con el tiempo. Las mujeres hemos ganado espacio en muchos aspectos de la vida y también en las barras”. Si bien reconoce que el de bartender era una profesión inicialmente masculina –y cuando comenzó, sentía que la ponían ‘a prueba’, a la hora de preparar un cocktail-, sentencia que las chicas ganaron terreno en los bares. “Siempre marco que hay que ser femenina. En la barra hay que seducir, es parte del cómo abordar al cliente”. Para ella es cada vez más común ver chicas bebiendo solas, de todas las edades.  “La barra tiene esa cosa de comunión y complicidad entre uno y otro. Siempre se generan charlas en grupo, y en esto el bartender es el gran anfitrión”.

Daniela Dini.

Foto de portada: Dina Cantoni

 De barras y de bares

BASA: Cocktails clásicos y de autor, A partir de octubre habrá fiestas temáticas durante la semana. Las ‘solas’, son habitués los martes y miércoles. Basavilbaso 1328 – www.basabar.com.ar

Dill&Drinks: El Negroni es la especialidad de la casa, y tienen un fichero donde se puede agendar la propia receta. Tras la barra esperan Juanse y Américo. Para acompañar, no hay menú, y es la regla de la cocina de Leandro Leyell: tapeos y platos suculentos con los ingredientes frescos del día. San Martín 986 – www.dillanddrinks.com

Florería Atlántico: En octubre estrenan carta nueva. Loly y Picca, sus bartenders, serán parte de un ciclo de domingos de chicas de barras durante el mes de octubre, que incluirá Florería. Arroyo 872 – www.floreriaatlantico.com

Verne: De reciente apertura, el bar de Fede Cuco -uno de los bartenders más aclamados-, es un templo del buen beber.  Siempre hay chicas, de un lado y otro de la barra. Av. Medrano 1475 – www.vernecocktailclub.com

Rey de Copas: La barra, inmensa, hecha en base a durmientes de ferrocarril y recubierta de azulejos Pas de Calais franceses de 1890, es la gran protagonista. Gorriti 5176 – www.facebook.com/reydecopasbar

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