Bocacalle, Historias en viaje, Lifestyle, People, radio, Urbanstories / 25 25UTC octubre 25UTC 2016

Una mañana de guardia en el Cuartel de Bomberos de Dock Sud

Todo el tiempo persigo historias. Un poco el nombre de este ‘urbanhunter’ es el de cazadora por eso. A veces son urbanas, otras no, pero la idea es siempre la misma y lo hago todo el tiempo, creo que desde mucho antes de decidir serlo formalmente como periodista y salir ‘de caza’ a buscar mis notas.

Creo, también, que son esas historias -y la posibilidad de ser ese puente para contarlas-, lo que le da verdadero sentido a lo que hago y me apasiona.

Persigo historias todo el tiempo, aún cuando no estoy en “ejercicio de la profesión”, pero a su vez la profesión también me exige sistematizar esta cacería, así que, entre otras notas que escribo, filmo y posteo cotidianamente, están las historias semanales que busco para #Bocacalle, mi sección semanal en Brunch 951.

Las historias pueden estar en cualquier parte. Y hasta viajar en un autobomba.
Las historias pueden estar en cualquier parte. Y hasta viajar en un autobomba.

Algunas salen espontáneamente, otras, llevan mucho tiempo de producción y búsqueda e insistencia. Otras, aparecen como por arte de magia. Otras, como de casualidad, se deslizan en una conversación y terminan llevándome a una gran nota casi sin darme cuenta, como guiada por algún hilo invisible entre mis ganas de contar y las ganas de esa historia de ser contada. Otras tantas se escabullen, se camuflan y cuando están a punto de escaparse y parece que las pierdo por no verlas, conectan con una parte de mi que siempre está atenta y, zas! Las encuentro, finalmente. Este es el caso de la historia que voy a contarles hoy, nota de mi último Bocacalle.

A la caza -impensada- de una historia de domingo

#piesquepisan ... un cuartel de bomberos, de guardia.
#piesquepisan lugares impensados… como un cuartel de bomberos, de guardia, un domingo cualquiera.

Después de dos meses de viajes intermitentes – que me llevaron al fin del mundo, la Patagonia y al Lejano Oriente y la Gran Manzana incluidos-, aterricé en casa después de muchas horas de vuelo y sobre la fecha para mi nota del siguiente domingo. Debo decir que me fascina producirlas, y no iba a conformarme con menos: quería algo interesante en mi regreso a Buenos Aires. En medio de ese aterrizaje, me cae un mail con un llamado a un casting -cosas que hago de cuando en cuando, como una extensión de mi trabajo y que me divierten, pero no suceden muy a menudo-. Era todo inmediato, de un momento a otro, y alli fui, más con la cabeza en que necesitaba LA nota de domingo que en el casting en si.

Me pasé la hora y media de espera googleando ideas, mandando mails, mirando agendas y cosas que sucedieran en la ciudad en busca de algo original, mientras tenía en frente mío a una legión de mujeres bombero, que era la primera vez que pisaban una castinera – o como se llame a estos lugares que congregan gente para castings de todo tipo-.

Las tenía en frente, a todas. No pasaban desapercibidas porque estaban uniformadas. Y a la distinción del uniforme hay que sumarle el respeto que uno siente y te enseñan a sentir, desde chico, cuando ve un bombero. Además ellas eran mujeres-bombero, mujeres ejerciendo un cargo voluntario que además exige riesgos y peligros, y se lo asocia casi exclusivamente, a una labor noble, pero masculina.

Uniformes
Uniformes a la espera de la próxima misión.

No me avivé hasta que me tocó pasar a mi, y en mi grupo -eramos dos, uno de chicas ‘comunes’, otro de chicas bombero-, quedó una de las del grupo de ‘bomberas’. Pasó tímidamente y dijo, inclusive, ‘creo que a mi no me correspondía estar acá, pero bueno, ténganme paciencia que nunca hice esto’. Ahí me empecé a despertar.

Se presentó frente a la cámara y dijo, ‘Soy Bárbara Pérez, Bombero de Dock Sud y profesora de Lengua, Literatura y Latín‘. Me quedé sorprendida mirándola en la pantalla y lo primero que se me cruzó en la cabeza fue, ‘qué historia hay acá’.

Me resonó la palabra ‘historia‘, y después de este preámbulo, suena casi obvio lo que sucedió después. Me olvidé del casting, le pedí el teléfono, y ya desde el colectivo de vuelta a mi home-office, la llamé, esperanzada con que todo se alineara. La respuesta fue la confirmación de que había una conexión, y que por algún motivo, yo tenía que estar ahí, ese jueves, cazando una gran historia más que un lugar en una publicidad.  ‘El domingo justo tengo guardia, y también va a estar la Tercera Oficial, que está cerca de los 25 años en ejercicio’, me dijo Bárbara, y pactamos la visita con mi móvil para el siguiente domingo.

Una mañana de guardia

Bárbara Pérez y Viviana Nazar, en plena guardia y... en plena nota.
Bárbara Pérez y Viviana Nazar, en plena guardia y… en plena nota.

Esa fue la propuesta de mi #Bocacalle, que está empecinado en encontrar, semana a semana, historias de domingo a la mañana, aquí y allí. Cuando parece que todos duermen o remolonean en la cama, entre el diario, las medialunas y el café con leche, hay un mundo impensado que está ahí afuera. Y yo salgo a buscarlo.

La mañana del domingo 23 de octubre, enfilé para el sur, trascendiendo las fronteras de la Capital Federal, y minutos después de cruzar el puente de La Boca, llegué a la Sociedad de Bomberos Voluntarios de Dock Sud.

Ahí me recibieron Bárbara y también Viviana Nazar, Tercera Oficial, con casi un cuarto de siglo ejerciendo este voluntariado, que a veces, resulta muy difícil de compatibilizar con el rol de madre. Así me lo confesaron las dos. Son sólo cuatro las mujeres activas en este cuartel que tiene sesenta bomberos voluntarios en total, y que trabajan los 365 días del año, las 24 horas. Ese domingo, la guardia era de 8 a 20, las dos me dijeron que preferían llegar un poquito antes, para esquivar la cara de los hijos que, domingo a la mañana, preferirían tener a mamá en casa y no en el cuartel, expuestas a la incertidumbre y al peligro. Pensé en qué determinación y qué decisión difícil de sostener, y a la vez, que deben existir pocas vocaciones tan nobles como esta.  Pensé no sólo en ser bombero sino en ser bombero y ser mujer y madre, y no me quedó más que admiración y agradecimiento, y las ganas tremendas de contar al aire, en menos de diez minutos, todo lo que sentí en esa charla entre mates dulces que compartieron conmigo.

La Sociedad de Bomberos Voluntarios de Dock Sud funciona desde el 25 de mayo de 1985.
La Sociedad de Bomberos Voluntarios de Dock Sud funciona desde el 25 de mayo de 1985.

Recorrí el cuartel, los vestuarios, los autobomba. Las acompañé durante la guardia matutina y sentí el teléfono sonar, bomberos registrarse y salir a la calle, procedimientos de rutina y escuché muchas historias. Me contaron anécdotas, situaciones, qué más aman y también qué odian de este trabajo.  No lograron desentrañar porqué, aunque haya factores difíciles, siempre vuelven al cuartel, y siempre vuelve a despertarse esa necesidad de estar en servicio. Esa vocación que es el único fuego que no pueden ni tienen intención de apagar.

Aquí pueden escuchar la entrevista completa con Bárbara, al aire por Brunch:

Gracias Bárbara Pérez y Viviana Nazar, y la Sociedad de Bomberos Voluntarios de Dock Sud por esta nota. Un orgullo poder contar esta historia!

Daniela Dini para #Bocacalle y The Urbanhunter Project

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